Solo tienes que dar una vuelta en coche por cualquier zona de la Costa Azul y te darás cuenta enseguida de que aquí hay demasiadas agencias inmobiliarias. Hay al menos una en cada manzana comercial, si no varias. Es mucho más fácil encontrar una agencia inmobiliaria que un sitio donde tomarte un café —con diferencia—.
No es de extrañar que los agentes inmobiliarios de la Costa Azul sean un grupo muy competitivo. Hay miles de agentes peleándose por un número relativamente pequeño de propiedades en venta, y apenas llegan a fin de mes intentando pagar el alquiler con muy pocas ventas. En resumen, es la receta perfecta para todo tipo de malas prácticas.
Se ha descubierto que unas 62% de las agencias inmobiliarias inspeccionadas por el Estado han infringido la ley.

Al igual que cualquiera En un sector en el que los incentivos económicos no coinciden con el incentivo de ser honesto con el comprador, este tipo de sistema obliga a los agentes a elegir entre velar por sus propios intereses económicos O ser honestos con los compradores. No es de extrañar, pues, que den prioridad a ganar más dinero antes que a ser transparentes con los compradores. No es que los agentes sean mala gente (ellos también tienen familias que mantener); el problema radica en el hecho de que El sistema está diseñado de tal manera que fomenta el mal comportamiento. Cuanto más pagas de más, más beneficios obtienen ellos.
