Esta historia empieza cuando Mick Jagger fletó un avión para llevar a 75 amigos —que no se enteraron de la boda hasta el día anterior—, entre los que estaban Paul McCartney y su familia, Ringo Starr, Peter Frampton y Ronnie Wood (que no se uniría a los Stones hasta cuatro años después), desde el Reino Unido hasta Saint-Tropez. Como McCartney y Starr estaban en medio de una dura batalla legal, los sentaron muy lejos el uno del otro.

Jagger y su amada se enfrentaron a su primer gran obstáculo la mañana de la boda, cuando Bianca descubrió que, según la ley francesa, la pareja tenía que dejar claro “qué bienes tenían en común”. Fue entonces cuando se dio cuenta de “lo poco que era” y “amenazó con cancelar la boda, lo que habría supuesto para Jagger el mayor revés y la mayor humillación ante sus amigos. Al final, cedió”.”
El segundo obstáculo también vino de la legislación francesa, que establecía que, antes de la ceremonia religiosa —que Jagger había organizado junto con el párroco—, tenía que celebrarse una ceremonia civil en el ayuntamiento, abierta al público.
Jagger esperaba mantener a raya a los paparazzi, pero ni siquiera el alcalde del pueblo podía saltarse la ley ni negar la entrada a los cientos de fotógrafos que habían volado hasta allí sin hacer ni idea de la suerte que tenían. Cuando los novios llegaron por fin, con retraso y ya sudando, abriéndose paso como pudieron entre la multitud de periodistas, turistas y curiosos, “parecían agobiados y ligeramente sorprendidos”.”

Mientras los flashes de las cámaras, a solo unos pies de la pareja, acaparaban toda la atención de la ceremonia, los padres de Jagger —“para quienes él siempre fue ‘Mike’”— se quedaban ahí en medio de todo ese caos, con una expresión que, como era de esperar, parecía la de quienes veían cómo su hijo se sumía en un nuevo mundo de locura. Su sitio a la derecha de su hijo lo había ocupado [el director de Atlantic Records] Ahmet Ertegun. Ahora él era el papá».”
Cuando la ceremonia se trasladó a la iglesia, el responsable de relaciones públicas de los Stones, Les Perrin, que se vio metido en este lío, hizo que el cura cerrara con llave las puertas de la iglesia. Esto provocó la desafortunada situación de que Jagger tuviera que dar golpes en la puerta como un don nadie para que le dejaran entrar, a la vista de todos los fotógrafos.
En la recepción, estrellas como Julie Christie y Brigitte Bardot bailaron el “Frug” al son de una jam session repleta de estrellas en la que participaban Stephen Stills, Terry Reid y miembros de Santana, por nombrar a algunos. Keith Richards se habría unido a ellos, pero estaba «desmayado, tumbado de espaldas con la boca abierta». (Uno de los asistentes le juraría más tarde al autor que Richards llevaba un uniforme nazi en la ceremonia.)
Al recordar la boda, se descubrió que el evento había sido tan caótico que “tres hombres —Richards, el saxofonista Bobby Keys y [el director de cine] Roger Vadim— afirmaron haber sido los padrinos”. Incluso la novia se lió con lo que pasó. Más tarde les contó a algunos que Keith Moon, el baterista de The Who, “irrumpió” en la habitación de hotel que compartía con Mick. El autor descubrió que, en realidad, Moon se dirigía a un concierto con su banda en ese momento.
“La boda de los Jagger fue el jaleo más cutre de la historia, tanto del rock como del matrimonio, y fue una vergüenza de te pone los pelos de punta para todos los protagonistas”, escribe Hepworth.
El participante más abatido bien podría haber sido el padre de Jagger, Joe, que “parecía y se sentía como un extraño en el día más importante de su hijo mayor”. Durante los dos juramentos y toda la ceremonia, no tuvo ni un momento para entregarle a su hijo y a su nueva nuera el regalo que se había traído, así que se lo llevó consigo al terminar el evento. Al hablar con un periodista después, la opinión de su padre sobre el día se resumió en: “Espero que mi otro hijo no se convierta en una superestrella”.”
Echa un vistazo a la historia de cuando los Rolling Stones alquilaron una villa de lujo en Villefranche, lo que acabó en un robo y en que la policía francesa los detuviera.
